Entrevista a Marjorie Ávalos
“QUISIERA DEJAR MIS HUELLAS EN LA ARENA, NO MIS RESTOS DEBAJO DE ELLA”

Ciudad Juárez ha sido escenario de violaciones, torturas y asesinatos que por más de diez años no han encontrado justicia. Mujeres sin poder en la sociedad son desechadas en el desierto.

Por Francisca Codoceo                                    

Marjorie Ávalos es la coreógrafa-directora que está detrás de la teatralización de la obra literaria de Humberto Robles, escritor mexicano que descubre la historia de cientos de madres, jóvenes y niñas víctimas del femicidio. Mujeres de arena sigue la línea de trabajos anteriores de la directora coreográfica de la Compañía O M B Ú, desarrollados bajo el ámbito de la Memoria, Género y Derechos Humanos.

¿Por qué el título Mujeres de arena?

“Porque la mayoría de las mujeres son encontradas en el desierto, también en los basurales. Juárez es una ciudad fronteriza, está muy cerca de El Paso, donde las mujeres son la fuerza trabajadora. Son de escasos recursos y vienen desde provincia a tratar de tener una vida mejor, pues allí hay muchas fábricas donde se potencia el trabajo.

Es extremadamente violento que no les pase esto ni a los terratenientes, ni a sus hijas, ni tampoco a las hijas de la alta cuna social. Son mujeres absolutamente desechables. Son objetos sexuales desechables. No sirven más, se matan”.

¿Qué elementos destacas del guión de la obra?

“Es teatro-documental, por lo que la obra es sumamente descarnada en sus relatos. Está, por  ejemplo, el caso de Eréndira, que es una niña de no más de 17 años que fue raptada. Lo único que pudo conservar su mamá es un diario de vida con sus sueños.

A mí eso me parece más rescatable que hablar de los torturadores, de los violadores y de los femicidias. A ellos que los juzgue la justicia, que ojalá llegue en algún minuto. Pero la idea es hacer un llamado social”.

¿De qué manera crees que la puesta en escena de estos crímenes crea conciencia en las autoridades y en la sociedad?

“Lo que yo hago es de acá (se toca el pecho). Que vaya a tener alguna repercusión más allá va a ser de rebote, tal vez. Pero allá (en Ciudad Juárez) hay movimientos súper fuertes y aun así no han parado los femicidios. Hay una industria que está detrás de todo esto, porque hay quienes pagan para tener a estas mujeres. Incluso se dice que las piden de tales y tales características”.

¿Por qué ocurren estos abusos?

“Hay un montón de teorías. Primero, porque son muchas y como son tan pobres, una más o una menos da lo mismo. Segundo: es por una cuestión casi clasista y racista, porque la mayoría de las chichas son de origen pobre e indígena. Otro tema que está detrás es el Cine Snob, porque se sabe que las mujeres son utilizadas para videos de este tipo;  videos de mutilaciones y violaciones en vivo que se graban para satisfacer fantasías sexuales.

En conjunto con las chicas que me acompañan, es una necesidad personal la de manifestarme, por lo menos, en lo que me parece una tremenda violencia hacia nuestro género. Es una violencia muy cruel y sumamente desplegada, porque contiene una cantidad de recursos inimaginables. No es que desaparezcan las chicas y las violen no sé dónde, sino que hay toda una organización, una mafia que es muy bien pagada, porque esto tiene que ser rentable”.

¿Qué elementos del texto de Humberto Robles rescataste para tu propia versión de Mujeres de arena y cuáles agregaste?

“Me ha sido un tanto difícil, porque hace sólo dos años que estoy metida en el ámbito del teatro, y como estructura, danza y teatro son códigos sumamente diferentes. Estoy tratando de no perder una estética coreográfica, lo que me permite visualizar y enfrascarme en imágenes que me han revuelto la cabeza y las vísceras. La idea es generar espacios visuales, mezclar un relato visual con el audiovisual, apoyado con situaciones que se vayan desarrollando en escena. Lo que más me interesa enfatizar del relato son las historias de ellas”.

Es la única obra del festival que va a integrar la danza ¿De qué manera esto aporta a la sensibilidad del tema?

“La coreografía es como una gran orquesta de cómo se organiza el cuerpo en el tiempo y en el espacio. En lo personal, no me gusta la danza por la danza, creo que hay muchas cosas que son peripecias y otras que son muy bellas, que enuncian un montón de situaciones, pero a veces a mí me falta la otra parte de la historia. Y el teatro por el teatro; el teatro declamativo, me aburre enormemente. Pero la capacidad de decir un texto incorporando las emociones, y haciendo el relato corporal de ese texto, me parece muy llamativo”.

Es todo un desafío ser coreógrafa y directora teatral de una misma obra

“Es que con los años he ido adquiriendo confianza en la cosa coreográfica y composicional. Pero en términos de lo que es pura dramaturgia, para mí es algo nuevo, aunque de todas maneras se encuentran códigos reconocibles. Estoy aprendiendo con las chiquillas (las actrices) también. Es súper bonito el grado de confianza que ellas me han pronunciado, y su disposición me da la tranquilidad de la línea que voy siguiendo con Mujeres de arena. Estoy extrañamente tranquila”.

¿A qué apela la estética de la obra?

“A mí me maravillan las estéticas que tienen que ver con imágenes y también el trabajo desde lo femenino. A las chicas (las actrices) lo único que les pido es que sean ellas, que sean hembras cuando haya que serlo, súper frágiles... y que exploren también el tema desde allí. Además tenemos un montón de recursos y de imágenes que ayudan a la belleza estética”.

¿Cómo se aplica la propuesta del Festival de abordar textos de dramaturgos extranjeros y apropiarlos desde una teatralidad local?

“Como Latinoamérica somos un continente absolutamente rico en historias, y tenemos un sello latino que también es extremadamente rico, sabroso. Somos países distintos, lejanos, pero aún así podemos jugar con espacios comunes. Eso es lo que nos mueve a todos, seamos de Colombia, de Chile, de México o de Guatemala. Hay un arraigo que a veces aparece en lo invisible, que no aparece ni siquiera en la historia oficial de los países. Es la historia extraoficial, lo que resulta una carga muy fuerte”.

¿Qué similitud ves entre las matanzas y desapariciones en Juárez y lo ocurrido en Alto Hospicio hace algunos años?

“Arena. Los cuerpos han sido encontrados en el desierto. Además, Alto Hospicio está cerca de la frontera igual que Juárez. Las mujeres de ambos países son de escasos recursos. Tampoco hay justicia: todavía siguen habiendo desaparecidas, pero ya no figuran en los diarios. Lo que ocurre en ciudad de Juárez ocurre en África, en Trujillo, en Alto Hospicio, y en un montón de otros lugares. Y hay otra cosa: la violación. La violación como hecho es una manera de subyugar a un pueblo”.

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Parte del elenco de Mujeres de arena

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